Así como sucede en otras redes sociales, en esta que está dedicada exclusivamente al mundo laboral las personas empiezan a sentir que pierden en la comparación con sus colegas.
Entras a LinkedIn con una intención simple: mirar oportunidades, actualizarte, quizá ver qué anda pasando en tu sector. Pero a los pocos minutos aparece una sensación incómoda. Alguien anuncia un ascenso. Otro celebra un nuevo puesto “soñado”. Hay fotos con sonrisas profesionales, textos inspiradores, títulos rimbombantes. Y entonces aparecen preguntas silenciosas: ¿qué estoy haciendo mal?, ¿por qué no tengo nada nuevo que comunicar?
Si alguna vez sentiste que todos los demás tienen mejores trabajos, carreras más exitosas o caminos más claros que el tuyo, no estás solo. Lo que te pasa no es falta de ambición ni de talento. Es, en gran parte, el efecto de las redes sociales.
Al igual que Instagram, X o incluso Facebook, LinkedIn muestra una versión curada de las personas, lo que cada uno quiere mostrar, y siempre es eso que reluce: logros, hitos, anuncios positivos, movimientos estratégicos.
Sin embargo, hay que saber que allí no se publica lo que se quiere ocultar, como las dudas antes de aceptar un nuevo puesto, si fue rechazado en una postulación, nadie cuenta cuánto hace que esté en búsqueda, ni los a plazos antes de terminar la carrera o el miedo que siente antes de animarse a dar un salto de posición o de empresa.
Hay que tener algo en claro: LinkedIn es una obra, no el detrás de escena. Y cuando uno mira solo la obra de otros sin recordar su propio proceso, la comparación se vuelve injusta.
La comparación constante desgasta
Compararte con otros en las redes sociales suele ser automático, pero no inocente. Genera ansiedad, sensación de atraso, desvalorización personal y, en algunos casos, bloqueo. El problema no es inspirarse en trayectorias ajenas, sino medirse todo el tiempo con una carrera que no es la propia.
Además, cada persona parte de un lugar distinto y las carreras reales no avanzan en línea recta y a ritmo constante. Tienen pausas, desvíos, replanteos, momentos de estancamiento y de aceleración. Sin embargo, online todo parece seguir una lógica ascendente permanente: más responsabilidad, mejor puesto, mayor visibilidad.
La verdad es que muchas de las personas que hoy celebran un logro pasaron o están pasando por momentos de duda similares a los tuyos. Solo que eso no suele entrar en el post.
Tu propia mirada
Esto no significa que tengas que dejar de usar la red, sino de reconfigurar la relación que tienes con ella:
· Recuerda que tu carrera no es contenido: Tu recorrido profesional no necesita likes para tener valor. Lo que estás construyendo puede ser sólido, aunque no sea visible.
· Usa LinkedIn como herramienta, no como termómetro emocional: Entra con un objetivo claro: buscar oportunidades, informarte, conectar. Evita scrollear sin rumbo cuando estás cansado o vulnerable.
· Redefine qué significa éxito para ti: ¿Es el cargo? ¿El equilibrio? ¿El aprendizaje? ¿La estabilidad? ¿El impacto? Si no lo definís vos, las redes lo harán por vos.
· Comparate solo contigo mismo: ¿Dónde estabas hace uno, tres o cinco años? ¿Qué aprendiste? ¿Qué superaste? Ahí hay crecimiento real, aunque no tenga posteo.
· Permítete los tiempos “invisibles”: Hay etapas de preparación, de introspección, de ajuste. No todo momento de valor es fotogénico ni publicable.
Sentirte menos exitoso al entrar a una red social no habla de tu falta de mérito. Habla de una red que muestra solo una parte del mapa. Tu carrera no está atrasada: está siendo creada.