Esta actividad concentra gran parte de su demanda de trabajadores durante determinado momento del año; el desafío para las empresas es construir modelos de empleo temporal que sean provechosos tanto para ellas como para las personas.
Más allá de la modernización que está atravesando el agro, hay algo que es propio de esta actividad: existe estacionalidad de acuerdo a los diferentes cultivos. Es por eso, que esta industria siempre ofrece oportunidades que llegan a la mano de los empleos temporales.
Esta característica plantea un desafío particular para las áreas de Recursos Humanos de la industria, porque deben constantemente estar buscando a los talentos que puedan atender el campo, pero también poder manejar la tecnología que cada día se incorpora a esta actividad.
Y uniendo estos dos puntos es que surge un nuevo reto: poder encontrar los trabajadores temporales que pueden incorporarse con el conocimiento actual que requiere la industria.
Temporalidad no es sinónimo de informalidad
El primer punto a desmitificar es que un empleo temporal no tiene por qué ser informal. Es cierto: según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la informalidad aún es un flagelo del campo en la región, pero cada día se trabaja para que estas condiciones queden atrás.
¿Cómo sucede esto? El desarrollo de cadenas agroindustriales cada vez más tecnificadas genera una oportunidad para cambiar esta realidad. Esto lo decimos porque la contratación temporal es registrada, con condiciones laborales adecuadas, como ofertas de capacitación y herramientas que permitan que las personas desarrollen competencias para volver a utilizar en futuras campañas.
Desde esta perspectiva, el trabajador temporal deja de ser simplemente alguien que la empresa necesita durante unas semanas o meses y pasa a formar parte de una comunidad de talento que puede ser convocada nuevamente cuando aparece una nueva necesidad.
Aprender: todos ganan
El agro incorpora cada vez más tecnología y eso significa que incluso los puestos asociados a tareas tradicionales requieren nuevas habilidades. Manejo de maquinaria, herramientas digitales, interpretación de información, mantenimiento, seguridad, trazabilidad y conocimientos técnicos forman parte de un ecosistema laboral cada vez más sofisticado.
Para las organizaciones, esto implica una oportunidad: aprovechar los períodos de contratación para desarrollar capacidades que mejoren el desempeño durante la temporada y, al mismo tiempo, aumenten la empleabilidad futura de las personas.
Un trabajador que recibe capacitación en seguridad, tecnología o manejo de equipamiento puede realizar mejor su tarea actual, y también se convierte en un perfil más valioso para próximas oportunidades.
Un vínculo de largo plazo
Otro de los grandes desafíos es evitar que la relación entre empresa y trabajador termine cuando finaliza la temporada. Mantener una base actualizada de talento, registrar las competencias adquiridas, generar canales de comunicación y establecer mecanismos para nuevas convocatoria permite construir relaciones laborales de mayor continuidad.
Incluso pueden aparecer oportunidades de movilidad hacia otras áreas de la organización o de la cadena agroindustrial.
Esta mirada también puede ayudar a cambiar la percepción que muchas personas tienen sobre trabajar en el agro. ¿Por qué? Porque un empleo temporal puede convertirse en la puerta de entrada a una trayectoria profesional más amplia.
En este contexto, el desafío de Recursos Humanos está, en primera instancia, en conseguir a las personas para cubrir un pico de demanda, y en segundo plano implica construir ecosistemas de talento capaces de responder a la dinámica productiva.
El agro moderno necesita tecnología y a las personas que sean capaces de utilizarla, interpretarla y hacerla productiva para una de las industrias más sensibles de la región, pues de ella depende la alimentación de todos.