Capacitarse de manera continua dejó de ser una opción para convertirse en una estrategia para sostener la empleabilidad y acompañar la evolución del negocio.
La incorporación de inteligencia artificial, la automatización, la digitalización y la aparición de nuevos modelos de negocio están transformando no solo los puestos de trabajo, sino también las habilidades necesarias para desempeñarlos. En este nuevo escenario, cambiante y exigente, tanto las organizaciones como las personas deben repensar sus próximos pasos.
Por eso, en este contexto, hay dos conceptos que cada día se los escucha más: upskilling y reskilling. Mientras el primero implica desarrollar nuevas capacidades para crecer o desempeñarse mejor dentro del rol actual, el segundo es el proceso de adquirir habilidades diferentes, para asumir nuevas funciones o reconvertirse hacia otro puesto. En ambos casos el objetivo es construir una fuerza laboral capaz de adaptarse a un mercado en permanente transformación.
Este preocupación va incluso más allá de las organizaciones. Ya en 2025, a través de su Reporte sobre el futuro del trabajo, el Foro Económico Mundial alertaba sobre que el 39% de las habilidades que hoy utilizan los trabajadores quedarán desactualizadas para 2030.
Este dato refleja la magnitud del desafío y pone a prueba las estrategias empresariales: el 85% de los empleadores consultados planea priorizar el upskilling de su fuerza laboral durante los próximos años. Además, frente al impacto esperado de la inteligencia artificial (IA), el 77% prevé implementar estrategias de reskilling y upskilling para que sus colaboradores puedan trabajar de manera más efectiva junto a estas tecnologías.
El informe también muestra que las organizaciones no están pensando únicamente en habilidades técnicas. Si bien poder conocer cómo usar la IA es prioridad, también aumentan la importancia del pensamiento creativo, la resiliencia, la flexibilidad, la agilidad y la curiosidad.
Entonces, diseñar programas de capacitación que combinen conocimientos tecnológicos con habilidades blandas es fundamental para hacer crecer la empleabilidad de los talentos, pero también para fidelizarlos dentro de las organizaciones.
Desarrollo interno
La necesidad de desarrollar capacidades entre los colaboradores está vinculada con una dificultad que atraviesa a las organizaciones: encontrar los perfiles que necesitan.
La Encuesta de Escasez de Talento 2026, de ManpowerGroup, señala que el 72% de las empresas tiene dificultades para dar con los talentos adecuados. Frente a esta problemática estructural, las organizaciones reconocen que desarrollar programas de upskilling y reskilling se vuelve clave, tanto que el 27% de los empleadores lo considera así.
Cuando determinadas habilidades son difíciles de encontrar, desarrollar talento dentro de la propia organización puede complementar la búsqueda de profesionales y, al mismo tiempo, ofrecer oportunidades de crecimiento a quienes ya forman parte de la compañía.
Para las personas, esto significa que la empleabilidad dependerá cada vez más de la capacidad de incorporar nuevos conocimientos. Para las empresas, implica asumir que el desarrollo de talento no termina con la contratación: continúa durante todo el ciclo laboral.
Responsabilidad compartida
El desafío del reskilling y el upskilling no puede recaer exclusivamente sobre una de las partes. Las empresas tienen un rol central a la hora de detectar qué capacidades necesitarán en el futuro, ofrecer oportunidades concretas de formación y generar espacios donde los nuevos conocimientos puedan aplicarse. Pero los colaboradores también necesitan asumir un rol activo: identificar qué habilidades están ganando relevancia en su sector, mantener una actitud de aprendizaje y estar dispuestos a ampliar o reconvertir sus capacidades.
En este escenario, aprender de manera continua se convierte en parte de la experiencia laboral. Y para las organizaciones, construir una cultura de aprendizaje puede ser tan importante como incorporar nuevas tecnologías.