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La equidad y la igualdad laboral todavía son materias pendientes

Con respecto a hace 70 años, algunos afirman que las condiciones de equidad e igualdad entre hombres y mujeres en México han avanzado mucho, y que no somos tan conscientes de todo lo que se ha logrado en cuanto a la inclusión femenina porque las mujeres ya no vivimos situaciones tan extremas como las de no tener la posibilidad de votar, acceso a estudios universitarios, libertad para elegir cómo vestir, para decidir qué hacer con nuestro futuro o ser consideradas ciudadanas con todos los derechos. Y tienen razón, sin embargo, no me queda claro si debemos tomar ese estatus como el punto de partida o darnos cuenta que estábamos en una escala de menos del cero.

Considero que el antecedente surge debido a que los roles tradicionales no pudieron ajustarse a la rapidez que se gestaba en la Revolución Industrial, en donde la economía y el sistema ya demandaban una sociedad distinta; empezaba a volverse necesario que todos los miembros de la comunidad se involucraran en igualdad de circunstancias a las actividades sociales y económicas del momento. Lo que me espanta es que más de cien años después, actualmente, este tema siga sobre la mesa, demostrando que el cambio social no se logra por las inercias de un sistema, sino por la voluntad colectiva de modificar conductas y dejar de repetir patrones.

Pero, ¿cómo vamos a lograrlo? ¿Será que hoy, con la rapidez del siglo XXI, estamos más cerca o más lejos de dejar que la cultura se ajuste a lo que la economía y la tecnología demandan? Yo pensaría que estamos más cerca, pero sólo si todos ponemos de nuestra parte. Tanto hombres como mujeres debemos dejar de pensar que las mujeres son las únicas responsables del cuidado de todo lo que requiere atención y servicio. Cuando esto suceda, el sistema reconocerá que los hombres necesitan también salir de su centro de trabajo para ir al supermercado, llevar a sus hijos al doctor o atender a sus padres, pero, sobre todo, que las mujeres no somos omnipresentes ni súper-poderosas. También tenemos derecho a descansar, a ver “la tele” o “el fut”, ir a “echar chelas con las amigas”, “ver mails”, o cualquier otra frase que nos suene conocida cuando gritamos: “Fulano, ven a ………”.

La equidad no significa crear políticas para generarles a las mujeres una carga de trabajo adicional; significa crear las condiciones necesarias para que hombres y mujeres ejerzan las actividades necesarias para que su situación personal funcione y que verdaderamente puedan encontrar un balance entre sus actividades profesionales, académicas, familiares y sociales. Por ejemplo, implementar un horario laboral flexible para hombres y mujeres que les permita decidir qué actividades van a compartir en el hogar y cómo van a atender sus necesidades e intereses personales.

Considero muy importante replantear lo que queremos lograr con la equidad de género, para que realmente el cambio sea sistémico -y no meras acciones aisladas, que nos hacen sentir que estamos haciendo algo, pero que al final no concretan el cambio cultural y social que se requiere.

Para esto, las instituciones -públicas y privadas- deben alinearse y compartir los mismos mensajes clave, creando políticas que orienten las fases de desarrollo de los mexicanos para posibilitar que, como sociedad, vayamos rompiendo los roles y patrones arraigados que impiden la paridad. Por ejemplo, en Francia los libros de texto -dirigidos a niños desde cuatro años de edad- están diseñados para que el rosa se contemple como un color neutral, que puede ser usado tanto por hombres como por mujeres. En Estados Unidos, el movimiento STEM busca demostrar que las matemáticas e ingenierías no son sólo para los hombres y mostrarles a las jóvenes que ellas también pueden ser pilotos aviadores o astronautas.

En México, las políticas públicas han logrado que en la Cámara de Diputados y Senadores exista un gran número de mujeres representando a los ciudadanos. Sin embargo, en los puestos de liderazgo de las empresas y los Consejos de Administración, la participación de las mujeres es mínima y no se ve un camino claro para que la Dirección Corporativa ceda masivamente los roles al sexo opuesto.

En nuestras manos está lograr avances más significativos. Todos podemos incidir positivamente en hacer que la equidad sea un modus vivendi para las nuevas generaciones, con la esperanza de que aún nos toque ver un México con muchas más personas desarrollándose en lo que soñaron, y no únicamente cumpliendo con “lo que les tocaba” -por el simple hecho de ser hombre o mujer.

 

Por Mercedes de la Maza,
Directora Ejecutiva de Fundación ManpowerGroup

 

 

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